Barroco La Obra

Sobre la Obra

[…] Lee mi corazón: Madrid. Verano barroco de 2007. Amistades peligrosas. Anatomía de la melancolía. ¿Quiénes sois, mis adorados Marquesa y Vizconde? Fue Laclos el primero en conoceros en los salones de París; luego os dio muerte. Más tarde, Müller os descubrió en la obra de Laclos, y os dio muerte una vez más. Después, os mataron una y otra vez en escenarios y delante de las cámaras, hasta que todas estas muertes os hicieron inmortales. Desde entonces, perduráis en la eternidad. E interpretáis vuestros roles para seguir siendo eternos.

[…] Tras morir en vuestras actuaciones, interpretáis la más real de todas las realidades, porque la vida no es un lugar adecuado para la realidad. Lo que encontramos en la vida es una mera ilusión de la realidad, y solamente existe una ilusión más banal que la ilusión de la realidad: aquélla de la libertad. La realidad de la libertad se libera solamente en la eternidad. Desde que lo descubristeis, habéis producido incesantemente realidad en vuestro teatro. Finalmente habéis abandonado la ilusión de libertad. Por fin sois libres.

[…] Los dos os limitáis a repetir la misma actuación una y otra vez; pasáis por los mismos lugares, observáis a los mismos espectadores y poco os preocupa la veracidad de la historia. La más clara de todas las verdades siempre aboca a la catástrofe. Así os lo enseñaron durante vuestras vidas. Las verdades mueren de aburrimiento; en la obra, sin embargo, la muerte lleva muerta mucho tiempo. A más pruebas, más sospechosas. La verdad no necesita testigos. Es un mal espectador porque conoce todo lo que está por venir desde tiempos inmemoriales. La verdad aborrece el teatro porque es su único rival.

Si debemos poner a prueba hasta el límite todas nuestras posibilidades, también deberemos poner a prueba hasta el límite las posibilidades de la autodestrucción. También eso lo habéis aprendido. […]”

Tomaz Pandur
Coautor y Director de Barroco

[…] Choderlos de Laclos escribió su novela Dangerous Liaisons siete años antes de la Revolución Burguesa Francesa. Heiner Müller publicó Cuarteto exactamente doscientos años más tarde. Estaba, de la caída del Muro de Berlín, casi a la misma distancia que Laclos estaba de la Revolución. Laclos hubo de ver pronto cómo se degradaban los personajes de su salón y cómo, muy probablemente, fueron decapitados en el histórico frenesí durante el cual únicamente la guillotina sabía lo que estaba haciendo. Müller coloca sus personajes en un refugio durante la Tercera Guerra Mundial, tras haber pasado por la experiencia de las explosiones de Hiroshima y Nagasaki.

[…] Pero ¿qué es esta historia para nosotros y qué somos nosotros para esta historia, después de haber sido contada tantas veces? ¿Después de que todas las historias hayan sido contadas innumerables veces? ¿Es la misma historia que nos aparece en los libros como la historia del significado, la historia de la razón? Una historia que, después de todo, no es más que un texto escrito. Nada más y nada menos que eso. Un conjunto de frases. Estadísticamente refinada, incisivamente pulida. Una historia que de ningún modo documenta la realidad sino que más bien fabrica mitos, ya que ha perdido su conexión con los acontecimientos reales en medio de tal multitud de intermediarios.

[…] En esta repetición interminable de los mismos sucesos parece que la historia está escarbando continuamente en su propio vertedero de basura; y por ello no resulta difícil creer a Canetti cuando concluye que, a partir de un cierto momento, la historia dejó de ser real y, por consiguiente, toda la humanidad ha abandonado la realidad sin ni siquiera darse cuenta. Esta historia es, con mucho, una casa bastante incómoda para el hombre, puesto que lo que hace en ella no es otra cosa que experimentar el curso de los (continuamente repetidos) acontecimientos y está continuamente deseando algo grande que podría venirle de alguna otra historia.

[…] El conflicto histérico de hombre y mujer como los dos lados de la misma indiferencia, que cobra sentido y significado únicamente en el escenario de su mutuo conflicto. Y no busca perdón en el pasado porque carece de ambas cosas, de pasado y de futuro; es un presente continuo. La historia de cómo se devoran el uno al otro es quizás la única historia que podemos reconocer como el presente.

[…] Resulta ingenuo suponer que en todo esto hay un espectáculo teatral que tenemos que representar hasta el final. Es mucho más interesante suponer que estamos representado una y otra vez, continuamente. […]

Darko Lukic
Coautor de Barroco